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En duda, si la circuncisión protege a los gays del VIH

 

por Redacción Anodis
[contacto@anodis.com]

(El Mundo.es/Isabel F. Lantigua).- Nadie duda de que la circuncisión reduce hasta en un 60% el riesgo de que los varones contraigan el VIH a través de relaciones heterosexuales.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda esta práctica quirúrgica, tanto en adultos como en niños, en las regiones del África subsahariana con una alta prevalencia de sida. No obstante, ¿protege igual en contactos homosexuales? Un metaanálisis publicado en The Journal of the American Medical Association (JAMA) ha tratado de responder esta pregunta.

El enigma de la circuncisión en los hombres que tienen sexo con otros hombres está pendiente desde que en 2006 dos estudios evidenciaran claramente su eficacia para los coitos heterosexuales, pero no así para el resto de relaciones. Un análisis de 15 trabajos, que incluyen a un total de 53.567 gays, ha tratado el tema y sólo ha llegado a una conclusión clara: no hay evidencias suficientes de que la cirugía proteja frente al VIH.

Los estudios que han servido para este proyecto, el primero que se hace de tal magnitud, se realizaron entre 1989 y 2007. De los más de 50.000 individuos analizados, el 52% estaba circuncidado. Éstos tenían un 14% menos posibilidades de contraer el virus. Sin embargo, consideran que esta diferencia no es significativa, como tampoco lo fue para el resto de enfermedades de transmisión sexual.

No obstante, la investigación sí ha revelado aspectos importantes. El primero es que la circuncisión protegió más a los gays en los estudios realizados antes de la introducción de la terapia antirretroviral de alta eficacia (TARGA), implantada a mediados de los noventa, que a partir de ese momento.

La explicación es sencilla: la llegada de un tratamiento eficaz trajo consigo un aumento de los comportamientos sexuales de riesgo en el colectivo homosexual, lo que disminuyó la eficacia de la circuncisión.

En segundo lugar se ha visto que la circuncisión protegería al hombre que adopta el rol insertivo durante un coito sin barreras, pues a quienes reciben el sexo anal, la actitud que más riesgo tiene de contraer el VIH, no les ofrece esta ventaja.

Asimismo, el análisis ha servido para descubrir que los estudios disponibles hasta la fecha que examinan la relación entre la circuncisión en varones homosexuales y el riesgo de VIH utilizan metodologías diversas, lo que hace muy difícil realizar una comparación o sacar conclusiones generales.

De hecho, “ninguno de los trabajos analizados había sido diseñado específicamente para evaluar el riesgo de infección en estos individuos”, afirma el doctor Gregorio A. Millet, coordinador del trabajo.

Por esta razón, dos expertos del Centro de Epidemiología Vanderbilt (Estados Unidos), insisten, en un comentario que acompaña al metaanálisis, en “la necesidad de realizar investigaciones serias y específicas sobre el tema, dado que el colectivo de los homosexuales continúa siendo uno de los que más nuevas infecciones por VIH registra, especialmente en Asia, Europa, Australia y América”.

Ante esa realidad, creen oportuno recordar que “existe una necesidad global de saber si la circuncisión masculina debería considerarse una herramienta para luchar contra el sida en esta población”. Por el momento no hay respuesta.

 

 

 

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